La posición donde estoy



22 de febrero de 2016


Piero Manzoni, Base mágica, 1961

Hoy he hecho un STOP. No es solo que me haya parado físicamente, también lo he hecho acompañando a ese detenerme en el espacio con una pausa en mi cadena de pensamientos. Me refiero a parar a esa charla, más bien monólogo, que hay en la cabeza que se ocupa de ir relatando -y juzgando- todo lo que estás haciendo, justificar o criticar -juzgar de nuevo en fin- lo que has hecho, e ir pensando en los siguientes pasos de que ocuparte en el futuro: cuando termine esto tengo que llamar a esta o al otro, y ahora a empezar con aquello que tenía pendiente, responder a ese correo, ir a comprar, en medio quizá retomar...

STOP.

Y me hago las preguntas. ¿Qué piensas? ¿De qué te (pre)ocupas? ¿Cómo te sientes, qué emoción hay,? ¿Qué te duele, qué zonas están más tensas y qué otras más relajadas? Cómo estás respirando? Mientras me hago estas preguntas, me doy cuenta cómo la cabeza intenta interferir proponiendo respuestas que se adecuen al relato que te estabas contando antes del STOP, procurando en definitiva darle al play otra vez y seguir con esos pensamientos, evitar precisamente el pararse. Descubro entonces con esos STOP muchas cosas, como que esas cadenas de pensamiento lo único que hacen es alimentar una emoción; por ejemplo, si estoy enfadado cualquier mínimo detalle de la calle, la gente, los horarios o el tráfico me molesta, y aunque puede que corporalmente ya no esté enfadado la queja constante de la charla de mi cabeza hace que siga enfadado; igualmente, si he tenido una idea brillante, me regodeo en las fantásticas aplicaciones futuras que tiene y en cómo todo mejorará desde entonces... mientras sin darme cuenta por ese cuento feliz que me hago desde la cabeza he ido caminando hasta llegar casi al borde de un precipicio... Así que sigo preguntando para responder con lo que tiende a salir de manera natural, sin filtrar, sin meter mente. ¿Cómo estás? En definitiva, estoy preguntando por la posición: ¿dónde estás?

El visitante Oscar Melano, convertido en escultura viviente al posar sobre una base mágica de Manzoni, 1968 [fuente: http://maxxisearch.fondazionemaxxi.it]




























Lo curioso es que esas respuestas que daba la mente, la que intentaba evitar el parar y confrontar lo que realmente estaba sintiendo, son siempre las mismas: son pensamientos que confirman la imagen que muestras ante ti y ante el mundo. Es tu forma habitual de pensar, tu tendencia, que no es natural sino robotizada, automática, porque intentas usarla independientemente de la situación  real y concreta que en ese momento estás viviendo.

Creo que eso ocurre porque has tomado una posición desde la cual interpretas el mundo y te dices: si el mundo es así, yo seré de esta manera -métase donde dice "así" lo que se quiera, por ejemplo "si el mundo es malo yo seré un niño bueno para que me dejen en paz y no me hagan daño"-, la cuestión es que esa posición es rígida, a no ser que tengas una crisis importante nada te lo hará cambiar. Eso genera un pensamiento igual de rígido, por mucho que en nuestra mente lo disfracemos de que somos una persona "flexible" o "espontánea", es parte de la imagen, del cuento que contamos y nos contamos. 


David Foster Wallace, 2005

David Foster Wallace, en una charla que dio a los graduados de artes liberales de Kenyon en el 2005, habla de que esta forma de pensar es una configuración por defecto -default setting- que cada uno de nosotros llevamos. Una selección de esa charla la podéis ver aquí, en un video que aunque edulcorado lo recomiendo para conocer lo esencial de su speech. El autor hace en este discurso un análisis sarcástico a la vez que sincero, muy desde su vivencia personal, de cómo funciona esa mente tramposa que no nos permite vivir la realidad si no es interpretándola desde la posición que haya elegido. El principal problema es que esa mente piensa que es el centro del mundo, y que todo lo que ocurre gira en torno a ella, pasa por ella, incluso ella es responsable de que todo tenga que funcionar. Habla también Wallace de cómo parándonos y poniendo conciencia -awareness- podemos elegir cambiar esa forma de pensar. Porque la mente en sí no es mala, ni buena, no va por ahí el tema. Solo es automática y cuando está en modo automático, eso sí, genera mucho sufrimiento. Por eso, se trata más bien de poner la mente a nuestro favor: la mente es un empleado excelente pero un amo terrible, dice Wallace, apelando al sentido común.

No es fácil, nadie dice que lo sea; lamentablemente, Foster Wallace de hecho perdió finalmente la partida con la mente y acabó suicidándose. En esta charla aún nos recuerda, aunque le cueste admitirlo -"no quiero hablar de la compasión ni de las virtudes", viene a decir- que la verdadera libertad pasa por salir de uno mismo, de la charla del ego, de la posición de la mente. Y ver a los demás viviendo en la misma realidad que el YO, más allá de sus juicios, comparaciones y de sus automatismos o configuraciones por defecto. Ser así más humano y menos máquina, más pendiente a lo que compartimos en lugar de si cumplimos o no los dictados o funciones de la mente. Es, lo decía también Wallace, el trabajo de toda una vida.

y todo con la simple conciencia; consciencia de lo que es tan real y esencial, tan oculto y a la vista de todos nosotros



La ciudad. Otras luces


30 de diciembre


Lámparas de aceite en los Huertos de Miraflores. Fotografía: Cristo Ramirez

No quería dejar terminar el año sin al menos recoger en el blog la última colaboración con Nomad Garden. Esta vez, fuera del Alcázar, implicando a más personas y en espacios alejados del centro turístico de la ciudad de Sevilla. Se ha trabajado con sus habitantes, personas que se han ocupado y se ocupan desde sus barrios de que la ciudad sea un espacio más amable para vivir.

Algunas personas y lugares lo hacen desde hace ya unos 30 años. Por ejemplo, en Miraflores y sus Huertas. Sergio R. y Salas M. lo explican, junto con otros participantes de la iniciativa, en este video:




Un total de 6 lugares diferentes de la ciudad, para muchas personas de la propia Sevilla realmente desconocidos, con la intención de elaborar 6 proyectos también diferentes de iluminación, participativa y creativa, han conformado Lucesdebarrio. Lo mejor es que la propia población de los barrios pudo implicarse activamente en los proyectos, que las personas se llenaron de ilusión; "no veía el barrio así de alegre desde que era pequeño"; "esto hacía falta", son frases que oyó comentar Fran P., de Nomad Garden, en una emocionada barrida de La Oliva, un proyecto por lo demás que funcionó genial por su continuidad: alguien más allá de Despeñaperros recogió las semillas nómadas que lanzaron al vuelo con globos desde este barrio -ver la historia en detalle aquí- que es un ejemplo de conservación del medioambiente a nivel vecinal, con un fantástico vivero que reúne una diversidad de especies botánicas mayor que el céntrico Parque de María Luisa.

Los barrios se configuran así como lugares que durante todo el año dan luz con sus actividades a la ciudad, por qué no entonces, ponerlos en valor, darles luz a ellos. La Oliva y Miraflores, sí, pero también las redes de Amate, las nubes de San Julián, las puertas abiertas de San Jerónimo y las telas iluminadas de las costureras de El Carmen han dado a la ciudad no solo un aspecto original sino que esto ha sido posible gracias a la colaboración ciudadana. Os invito a explorar la web. Las fiestas han transcurrido aquí de manera gratificante con la gente creando en lugar de solo consumiendo. Eso que se habla a veces de interactuar con el espacio...

Lucesdebarrio ha sido pues un reconocimiento a la labor de colectivos ciudadanos y barrios tradicionalmente desatendidos por la administración central. Por ello el proyecto debe ser también una invitación, a que la iniciativa no se quede en la foto oficial, que siga de alguna manera esa luz. Viene al caso decir, que sea como una semilla, como las que salieron flotando de La Oliva para llegar a otros lugares y ser recogidas para que la historia continúe.

Reconocimiento e invitación, agradecimiento y deseo. Las luces tenues, la música, la sorpresa de ver convertirse lo cotidiano en algo mágico al atardecer, el disfrute, mejor, el gozo a veces, de crear y estar con gente creando contigo... gracias. A Nomad Garden, también a los amigos Eva A., Manolo T., Pablo P., Cristo R. Que nos podamos ver en otra como esta.

Y que tengáis una luminosa entrada y salida de año.
Feliz 2016.


Percepciones de lo real


25 de noviembre de 2015


Buscando hoy la imagen que ilustra la entrada, me vuelvo a encontrar con la historia clásica, recogida por Plinio el Viejo en su Historia Natural, de la competición por decidir quién era el mejor pintor de Grecia. En ella participaron, en el siglo IV a.C., Zeuxis y Parrasio, dos pintores que han pasado por sus hazañas a formar parte del mito del genio de artista, pero de los que no se han conservado obras. 

Pájaro con cerezas, fresco en Pozzuoli, Italia, 200 d.C.
Los legendarios pintores tuvieron en fin la ocasión de enfrentarse para ver quién era el mejor de los dos. Zeuxis pintó entonces unas uvas con tanto realismo que unos pájaros se acercaron a ellas para intentar picotearlas. Por su parte, Parrasio había cubierto con una cortina su obra. Zeuxis acudió entonces a descorrer la cortina con objeto de conocer la pintura de su rival para darse inmediatamente cuenta de que esto era imposible por ser cortina la obra en sí: la pintura de Parrasio representaba una cortina. Zeuxis, confundido por el arte de su contrincante, tuvo que reconocer a Parrasio como el mejor de los dos, como el mejor pintor de Grecia.


Esta anécdota será relatada muchas veces a lo largo de la historia de la pintura occidental cuando se quiera hablar bien del naturalismo de un artista, es decir, de su capacidad de representar la realidad tal y como es y en sus obras. La cuestión es que esa representación veraz no es sino un engaño; el cuadro, diría un pintor ya moderno a finales del XIX, Maurice Denis, no es esencialmente más que una superficie plana cubierta de colores reunidos en un cierto orden.

La imagen del pájaro y la historia de Zeuxis y Parrasio me vinieron en mente al leer otra historia que recoge Michel Baridon en su libro sobre Los Jardines: Islam, Edad Media, Renacimiento y Barroco. Casi a modo de cuento, con este relato de una competición entre pintores chinos y griegos decorando el palacio de un sultán, concluye Baridon su bello capítulo dedicado al jardín islámico:


«Un día un sultán llamó a su palacio a pintores que vinieron unos de China y otros de Bizancio. Los chinos pretendían ser los mejores artistas; los griegos, por su parte, reivindicaban también la preeminencia. El sultán les encargó decorar al fresco dos muros enfrentados. Una cortina separaba a los dos grupos de competidores, que pintaron cada uno una pared sin saber lo que hacían sus rivales. Pero, mientras que los chinos empleaban toda clase de pinturas y desplegaban grandes esfuerzos, los griegos se contentaban con pulir sin cesar su muro. Cuando se retiró la cortina se pudieron admirar los magníficos frescos de los pintores chinos reflejados en el muro opuesto, que brillaba como un espejo. Y todo lo que el sultán había visto sobre el muro de los chinos parecía más bello en el de los griegos.»


La leyenda vive un poco del recuerdo de la anécdota que relata Plinio; quizá más sabia en esta versión, muestra en general esa recuperación del saber clásico que la cultura islámica realizó durante gran parte de la Edad Media. En cualquier caso, ambas historias hablan de los límites de la percepción y de lo convencional que puede ser  eso que llamamos lo real.


Solastalgia y Jardines-Efímeros


28 de octubre de 2015


Fuente: http://www.miriamguirao.com

¿Cómo vemos la naturaleza de nuestra ciudad? ¿Pensamos en los parques, jardines, árboles en la calle, macetas en los balcones o estampados florales de nuestra ropa del mismo modo? ¿Las plantas que nacen de modo salvaje en nuestras calles son malas hierbas, plantas sin ningún tipo de función, etc.? ¿Somos conscientes de que esta vegetación que nace de modo espontáneo, es parte de esa flora de la zona y tiene funcionalidad? 

Estas palabras no son mías, ni de nadie del grupo mesa-raíz, aunque podrían serlo perfectamente, en cualquier caso las suscribiríamos. Son de una artista a la que Sergio R., Salas M. y yo tuvimos el gusto de conocer recientemente en persona, Miriam Martínez Guirao. Se pasó por Sevilla y conversamos y compartimos sensibilidades-afinidades con ella en el patio de la Sala El Cachorro, rodeados de macetas, una palmera y cierta vegetación espontánea crecida con las primeras lluvias de otoño entre los adoquines del patio y en algún hueco de la pared en la que sé que los cuatro, aún sin decirlo, nos fijamos. Y es que, al igual que mesa-raíz, Miriam es otra persona aquejada del síndrome de deficiencia vegetal: estamos con ella en que la ciudad no siempre ha sido lo contrario de la naturaleza, no tiene que ser algo opuesto, la naturaleza va a volver una y otra vez a habitar en la ciudad, a reapropiarse de un suelo que por mucho que intentemos anularlo -porque es considerada la naturaleza como "invasora"- es suyo y sigue existiendo.

Miriam, otra Marcovaldo, lleva unos años fijándose en cómo en pequeños, a veces minúsculos, espacios que los planes urbanísticos no tienen considerados como "verdes" crece de todos modos vegetación. Motivo de investigación para ella, inspiración también para su creación plástica, entre sus múltiples iniciativas artísticas -echadle un ojo a su web-, Miriam decidió dedicarle todo un proyecto a esos restos vegetales salvajes que aparecen en los intersticios de la ciudad, en sus huecos, rincones y rendijas. La experiencia derivó en una propuesta artística llamada Jardines-Efímeros. Es un proyecto comunitario, ya que no solo Miriam, sino cualquiera que tenga sensibilidad por el tema, fotografía estos "jardines" espontáneos y libres que crecen de manera descontrolada, no planificada, y que sabemos frágiles de antemano. Miriam recopila esas fotografías y les da visibilidad compartiendo esas recolecciones en su web. Si queréis ver cómo se hace lo podéis ver en este video.


Un jardín-efímero de Miriam en Bilbao


Supimos de su proyecto por una llamada casualidad -y digo llamada porque no creo en ellas, soy más sistémico y pienso que todo se relaciona, por eso creo en "causalidades"-  en un momento en que nos había dado por hacer el tour de las Raíces en los Tejados y al tiempo que empezaba la experiencia Nomad Garden. Nos sorprendió con alegría, nos fascinó en fin, que hubiera más gente en esa línea, y más gente como ella, con esa sensibilidad especial, gente que, simplemente, se parara a mirar la naturaleza en la ciudad y que se planteara proyectos con ella como base.

Por cierto que no se me puede olvidar que la propuesta de Miriam está sujeta a mutaciones y a aplicaciones varias, como su colaboración con un biólogo en los "Jardines típicos de Bilbao" para saber el nombre de las plantas que crecen o su trabajo con psicólogos ambientales, esto último manejando un concepto que para mí era desconocido hasta que descubrí a Miriam, un término que pone nombre a una sensación que muchos tenemos hoy en nuestra sociedad urbana actual, cada vez más alejada de la sensación de pertenecer a la naturaleza. El palabro es solastalgia. Entroncado con la nostalgia, al parecer es un neologismo acuñado por un profesor australiano de estudios medioambientales, un tal Glenn Albrecht. Lo que importa es sin embargo lo que expresa: la angustia causada por los cambios en el medio ambiente, por su deterioro, pero también por su ausencia. Miriam se plantea indirectamente en su proyecto comprobar el nivel de solastalgia actual, ver cuánto echamos de menos la experiencia de conexión con lo natural mediante encuestas para las personas que participan enviando fotos de sus "Jardines-efímeros". En concreto, le interesa valorar qué ha cambiado sobre su visión de la naturaleza tras participar en el proyecto. Cómo ha llegado la experiencia. Parece un acto insignificante, pero lo cierto es que a mí me cambió la aparente simpleza de hacer cosas como "Raíces en los tejados". Y es que también, en el fondo, subyace en esta propuesta de Miriam una llamada a la incapacidad de ver las cosas de nuestra sociedad de hiperconsumo -de imágenes- actual.

Fue así un placer compartir todo esto con Miriam. Una postal que me regaló de esos "Jardines típicos de Bilbao" cuelga ahora en el panel de corcho de mi cuarto, recordatorio de sus miradas.

Os dejo con el enlace al proyecto de los jardines-efímeros y con la invitación a que colaboréis en él.

http://www.jardines-efimeros.com





Palabras en los tejados. La exposición callejera de Manolo Tirado


14 de septiembre de  2015


El pasado fin de semana se celebró en la Plaza Mina de Cádiz Barrunto, un evento que permite a artistas de diferentes modalidades exponer en un espacio público y al aire libre como esa céntrica plaza de la ciudad. La gente de la "mesa-raíz" y alguien más se pasó por allí alegrándose de saber que entre los participantes se encontraba Manolo T con algunas de sus más recientes acuarelas y tintas. En su ciudad, de la que curiosamente tuvo que irse, tomar distancia, para volver y exponer en ella. En ese acto casi involuntario de volver incluso repartió sus obras, en un principio sin saberlo, en un banco de la plaza donde al parecer jugaba cuando era pequeño. 




En ese banco de la Plaza Mina, frente al Museo de Cádiz, pudieron verse en fin algunas notas del peculiar mundo del artista, del que por cierto si queréis saber un poco recomiendo que visitéis -y leáis- las entradas de Un Dibujo DiarioUn mundo irónico y sutil donde los edificios hablan entre sí, los objetos más cotidianos sueñan y donde Manolo T. se permite en fin escucharlos y expresarse con ellos. Personalmente es un blog que visito cuando tengo días con la cabeza nublada, embotada y pastosa, porque me invita a pararme y volver a mirar lo que me rodea, también las cosas más aparentemente insignificantes. Me recuerda que aunque tengamos un día así de oscuro ese momento no es para siempre, que tenemos a mano la capacidad de asombrarnos alegremente y decir, con una de las obras de Manolo T., Sí a todo.




Hubo un tiempo en el que compartí casa con Manolo T. En esos años tuve la suerte de ver renovarse y crecer su inquietud por dibujar. También presencié la elaboración de los inicios ese blog, muchos dibujos y acuarelas que lo componen, incluso algunas situaciones que generaron ideas para ser puestas en papel. El blog, si miráis las entradas, no fue claramente anual, pero él se permitió seguir dibujando sin importar si estaba bien o mal, sin obsesionarse por el resultado final, disfrutar por el hecho de hacerlo, solo con la promesa de publicar todo lo que terminara. Me alegro de que esas entradas y actitud hayan saltado finalmente a la calle.


El rumor del mar y el hecho de enfrentar la soledad



El clima se vuelve algo irreal, se vuelve ficticio porque yo escribo sobre él. El clima se vuelve una   mentira... y lo que pasa es que mi día a día se vuelve una mentira porque se vuelve un ejercicio de la imaginación... 

 - NICK CAVE en 20.000 Days On Earth -


Hoy se cumple casi un año de un viaje, un viaje que nació de una invitación de David C. Habíamos pasado gran parte de un solitario verano juntos, muchas veces en la playa, caminando y dándonos algún que otro chapuzón. Hablamos entonces de la sensación de bienestar que nos produce el hecho de entrar en el agua, bañarse en el mar como limpieza, liberación acaso de las neuras que algunos días nos acosan. También de la invitación a la paz que el propio sonido de las olas nos transmitía y de lo bonito que sería tener ese sonido siempre presente, con la sensación aparejada a él. La famosa caracola que te pones en la oreja mientras cierras los ojos...

Con la intención de captar de alguna manera esa sensación, la propuesta se concretó en una excursión a algunas playas de la provincia de Cádiz durante el mes de septiembre en donde, cuaderno y grabadora en mano, registramos viento y meteorología, mareas y olas; por supuesto el sonido, el rumor del mar. La cosa se extendió en un viaje a playas del norte, tomando un avión a Bilbao -que ya mencioné en otra entrada-, alquilando un coche y recorriendo parte de las costas del País Vasco. Entre carretera y alguna que otra comilona, bajábamos a algunas playas y nos sumíamos en el silencio para grabar de nuevo sonidos, anotar el tiempo que hacía. Buscando nuevas formas de enfrentar la soledad.




El tour se cerró casi de un modo simétrico volviendo al sur y grabando en algunas playas gaditanas más en torno a la segunda mitad del mes de octubre. La materia prima así obtenida de las grabaciones al natural de las olas del mar sirvió a David C. para componer ochos canciones siguiendo el ritmo y los ambientes que esos sonidos registrados prácticamente le dictaban. Los temas formarán un disco que se publicará en noviembre y que se llamará El rumor del oleaje. Un avance de los resultados los podéis escuchar aquí.

El álbum será muchas cosas, por supuesto, según quien lo escuche. Para mí es el registro de un viaje con un amigo con el que puedo compartir la soledad. Esperamos que os guste.



 29 de agosto de 2015



Formas del exterior y del interior


21 de julio  de 2015



Sin que suene a justificación, aunque ya suena, el verano también se apoderó de este blog, pero en este caso no a través de la pereza, sino de la hiperactividad: final -por ahora- de las historias de Nomad Garden y del Alcázar de Sevilla, viajes por Andalucía, cursos de verano en Cadiz, etc. que han hecho que haya dejado a mi pesar de pasar por aquí.

Mientras escribía este primer párrafo han acudido a mi mente y cuerpo enteros una serie de personajes que me martilleaban y casi no me permiten escribir. Uno derrotista comentaba algo así como para qué, deja el blog este ya, otro un tanto exigente y esforzado decía pero hombre no seas vago, ponte al día, uno más quizá casi al mismo tiempo que los anteriores decía en tono desvalorizador, esto no vale para nada, y comentarios más feos que no quiero reproducir aquí porque la verdad no suenan bien... Y este era un personaje correcto y formal que quiere complacer. Gracias a todos ellos he escrito sin embargo estas páginas. Gracias a todos ellos, escuchándolos y reconociendo su existencia, sin rechazarlos -a veces mejor otras peor, cada momento es diferente-, no peleándome en fin con ellos, puedo vivir.


Expresiones faciales y emociones básicas según Paul Ekman


Todos estos personajes no son neutros, van acompañados de emociones que les dan vida y viceversa, la aparición de ciertos personajes invocan a las diferentes emociones, pero eso es algo que podéis leer mejor por ejemplo en el libro del maestro Antonio Pacheco que recomendé en la entrada de Ulises justo hace un verano.

Pero, ¿cuántas emociones hay? Este verano, a la hora de aprender expresiones de emoción para mi curso de español para extranjeros, he vuelto a usar las peculiares imágenes de los años 70 realizadas a partir de los estudios de Paul Ekman. Según este psicólogo son por ello estas emociones universales, características del ser humano como especie, más allá de distinciones culturales; al parecer Ekman comprobó esta supuesta universalidad viendo cómo nativos de Papúa Nueva Guinea, una cultura en un principio muy poco contaminada en los 70 por la civilización occidental, respondían identificando la misma emoción que supuestamente transmitían las personas retratadas en las fotos, personas que en definitiva se movían en parámetros socioculturales pues totalmente diferentes a estas personas de esa nación de Oceanía.

Diferentes, sí, en principio... lo que suelo hacer en clase es mostrar las diferentes expresiones faciales que aquí reproduzco a los estudiantes con la intención de que reconozcan la palabra -es un curso de idiomas al fin y al cabo- que define a cada una de las emociones. Si quizá alguien no sabe la palabra exacta en español no ocurre lo mismo con la emoción: prácticamente todos los estudiantes pueden reconocer una cara que expresa ira, miedo, asco, alegría o tristeza. De lo contrario, les suelo pedir que reproduzcan en su propio rostro el mismo gesto que están viendo en la imagen. Lo identifican entonces, suele funcionar.



Las emociones, según Disney-Pixar


Si bien parece que las emociones que como seres humanos experimentamos son casi idénticas y trascienden las redes culturales, sí veo por otro lado que es diferente el grado de penalización que sufren algunas emociones según qué cultura. Así, por ejemplo, en una cultura ligada al éxito, al "hacer" y al "tener" como la nuestra occidental, tendemos a sobrevalorar la alegría, que acabamos confundiendo con la euforia, una exageración ideal de la vida que muchas veces no nos deja ni siquiera vivirla. 

Por eso me sorprendió gratamente la última peli veraniega de Pixar -quiero pensar que son los prinicipales responsables- Inside Out, titulada en España "Del Revés". Se nota que sus creadores han sido muy bien asesorados por gente experta en psicología y pedagogía; no solo las ideas de Ekman, hay detalles sobre teoría de la personalidad o del pensamiento que aunque complejos están presentados de una manera tan fina -como cuando a dos de las emociones, que se pierden por el interior de la chica adolescente protagonista de la peli, se les caen dos cajas, una de "hechos" y otra de "opiniones" y se preguntan que adónde iban cada una de ellas y otro personaje les asesora diciéndoles algo así como oh, no os preocupéis, la mayoría de las veces se confunden, o como cuando ven al "tren del pensamiento", que viaja sin rumbo claro, nadie sabe por dónde va- que a veces olvidas que están viendo una película sobre el papel que juegan las emociones a la hora de construir nuestra vida.  Y por cierto, todas las emociones tienen su papel en la película, no contaré más para evitar que dejéis de verla. Todas ellas nos hacen, al fin y al cabo, humanos. 


El (re)conocimiento y la despenalización de las emociones es un tema clave en Antonio Pacheco, al que ya he recordado unas líneas más arriba. Él insiste mucho en ello: se trata de abrazar todo, incluso (otra emoción mal interpretada en nuestra cultura) la ira, transformar la ira en una divinidad airada. Todas las emociones son energías, el problema es de nuevo y siempre el dualismo. El diablo, la separación. La Transformación surge cuando las formas aprendidas del exterior son sustituidas por formas creadas desde el interior.

Así que puede que no os cambie la vida, pero esta peli de Pixar me ha vuelto a dejar ese agradable gusto en el cuerpo, mezcla de tristeza, alegría, emociones en fin, que tuve viendo por ejemplo Up. Ya me diréis.

¡Buen verano!